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Rodeada de animales y vegetación. Te mostramos la casa de Soledad Pastorutti en Arequito

casa de Soledad Pastorutti portada

Fotografía |@sole_pastorutti
La casa de Soledad Pastorutti está ubicada a las afueras de su pueblo natal, Arequito. Se encuentra sobre la ruta y está rodeada de animales y vegetación.

La Sole vive con Jeremías, su esposo y sus dos hijas Antonia y Regina. Como el predio es tan grande también tienen allí casas varios familiares, como sus padres Omar y Griselda, y su abuela Valeria. También Natalia Pastorutti, su hermana, junto a su esposo Andrés y sus dos hijos Pascual y Salvador.

El lugar donde se encuentra el hogar de la Sole se caracteriza por sus grandes áreas verdes y una vida al aire libre en contacto con animales como cabras, perros, gansos, caballos y hasta una tortuga. 

Además, cuenta con una huerta propia que abastece de alimentos frescos al hogar. Durante los meses cálidos, la pileta y el quincho se transforman en el corazón de los encuentros sociales y celebraciones con seres queridos. 

A pesar de la distancia que la separa de Buenos Aires —unos 400 kilómetros—, Soledad asegura que seguir viviendo en su pueblo natal no ha sido un obstáculo para su carrera artística, sino una elección que le permite mantenerse cerca de sus raíces y su familia.

El entorno campestre de la vivienda refleja a la perfección el espíritu simple y auténtico de la artista. Cada rincón del terreno está pensado para disfrutar de la vida al aire libre, en contacto con la tierra y los ritmos naturales. 

Desde temprano, es habitual ver a la familia interactuando con los animales o recolectando productos de la huerta. Para Soledad, este contacto diario con lo esencial le aporta equilibrio y paz, algo que considera fundamental para mantenerse conectada con su esencia más allá del escenario.

Además del valor emocional y familiar que representa, la propiedad también es un espacio de desconexión del mundo vertiginoso del espectáculo. 

Entre árboles frondosos, pastizales y senderos de tierra, la cantante encuentra inspiración para componer, ensayar o simplemente disfrutar de un momento de tranquilidad.

La convivencia con la naturaleza no es casual: forma parte de una filosofía de vida que prioriza el arraigo, la sencillez y el amor por lo propio.

La pileta es uno de los espacios más utilizados en el verano. Allí se organizan asados, cumpleaños, meriendas al aire libre y largas charlas bajo la sombra de una galería. 

El quincho, equipado con todo lo necesario para recibir visitas, se convierte en el epicentro de las reuniones familiares, donde abundan las anécdotas, la música y la buena comida. 

Las hijas de Soledad crecen en un entorno seguro y lleno de afecto, compartiendo el día a día con sus primos, abuelos y tíos, en una dinámica que refuerza los lazos familiares.

Lejos del ritmo agitado de la ciudad, en Arequito la vida transcurre con otro tempo. Soledad valora profundamente poder criar a sus hijas en el mismo lugar donde ella creció, rodeada de caras conocidas, costumbres que perduran y paisajes que la acompañaron desde siempre.

Su casa no es solo un hogar, sino una declaración de principios: se puede ser una estrella de la música popular sin perder el contacto con las raíces ni renunciar a la vida en comunidad.